Los tumores cerebrales representan una de las patologías neurológicas que mayor preocupación generan debido a la sensibilidad del órgano afectado y a las posibles secuelas que pueden ocasionar. Aunque no se encuentran entre las enfermedades más frecuentes, su detección temprana continúa siendo una herramienta clave para mejorar las posibilidades terapéuticas y reducir complicaciones.
En el marco del Día Internacional de los Tumores Cerebrales, el médico neurocirujano Sebastián Dei Castelli Yamaguchi dialogó con FM 89.3 Santa María de las Misiones y brindó detalles sobre los síntomas más habituales, los avances registrados en los últimos años y la necesidad de prestar atención a determinadas señales que pueden aparecer de manera progresiva.
El especialista señaló que estas afecciones no presentan una incidencia elevada dentro del conjunto de los cánceres, aunque aclaró que algunas variantes poseen una agresividad considerable. Además, remarcó que la gravedad no depende únicamente de la naturaleza de la lesión, sino también del sitio donde se desarrolla.
“Podemos tener tumores que tengan una histología benigna, pero por la ubicación pueden tener también un comportamiento agresivo”, explicó. En ese sentido, indicó que cuanto antes se alcance el diagnóstico, mayores serán las posibilidades de abordar el cuadro en mejores condiciones.
Entre las manifestaciones que pueden despertar sospechas, mencionó los dolores de cabeza persistentes, especialmente cuando modifican su intensidad o frecuencia habitual. También enumeró la pérdida de fuerza en alguna parte del cuerpo, alteraciones del olfato, trastornos visuales, dificultades auditivas, mareos y convulsiones.
Respecto de este último síntoma, sostuvo que numerosos pacientes descubren la enfermedad tras sufrir una crisis de ese tipo. “Uno de los principales síntomas son las convulsiones. Hay muchos pacientes que debutan con convulsiones los tumores cerebrales”, afirmó.

Otro aspecto sobre el que puso especial énfasis fue el impacto que algunas lesiones pueden generar en la conducta o en la salud mental. Según explicó, determinados cuadros depresivos o cambios bruscos de personalidad pueden ocultar una causa orgánica subyacente.
“A veces, cuando un familiar empieza con un cuadro psicológico que no sabe si hay una causa o algún problema familiar o laboral, es conveniente siempre hacer un estudio de imagen para descartar algún tipo de lesión tumoral”, recomendó el profesional.
Dei Castelli Yamaguchi precisó que las causas no responden a un único origen. Por el contrario, describió a los tumores cerebrales como patologías multifactoriales, sin un desencadenante específico claramente identificado. Asimismo, recordó que el cerebro suele ser un órgano receptor de metástasis provenientes de otros procesos oncológicos.
Consultado sobre algunos mitos que circulan en redes sociales, especialmente aquellos vinculados al uso de teléfonos celulares, descartó que exista evidencia concluyente capaz de demostrar una relación directa.
“No hay varios estudios hoy en día que sean concluyentes de que haya una relación directa con los tumores cerebrales y el uso celular”, expresó. A su criterio, la sensación de que actualmente aparecen más casos responde en gran medida a la mayor disponibilidad de estudios diagnósticos y a la rapidez con la que se detectan.
En cuanto a las alternativas terapéuticas, explicó que el abordaje depende de la clase de tumor y de sus características biológicas. Entre los más frecuentes mencionó al glioblastoma, considerado uno de los más agresivos, cuyo tratamiento combina cirugía, quimioterapia y radioterapia.
También se refirió a los meningiomas, lesiones generalmente benignas para las cuales la intervención quirúrgica suele constituir la principal estrategia. “Con el tratamiento de resección completa tiende a curar al paciente”, sostuvo.
El neurocirujano destacó además el desarrollo de nuevas herramientas, como la radiocirugía y los estudios moleculares que permiten identificar mutaciones específicas. Estos avances, aseguró, modificaron significativamente las expectativas de supervivencia de quienes enfrentan diagnósticos complejos.
“Antiguamente la expectativa de vida llegaba a los tres o seis meses con todo el tratamiento que se hacía. Hoy en día hay pacientes que pueden tener una buena expectativa de vida a los dos años”, señaló al referirse al glioblastoma.
Sobre las secuelas posteriores a una operación, aclaró que cada situación depende de la localización de la lesión y de las funciones neurológicas comprometidas. Sin embargo, remarcó que la incorporación de nuevas tecnologías permitió disminuir considerablemente los riesgos.
“Con la cirugía, con la microcirugía y con el avance de la tecnología, las secuelas son bajas, pero existen todavía”, manifestó.
Finalmente, descartó la posibilidad de establecer controles periódicos mediante tomografías o resonancias en personas completamente asintomáticas. Según explicó, a diferencia de otros chequeos médicos habituales, los tumores cerebrales pueden desarrollarse entre un estudio y otro, por lo que la recomendación principal continúa siendo consultar ante cualquier señal de alarma.
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