“El 85% de los docentes del país conocen pero no saben qué hacer con la dislexia”


dislexia

SI NO SON COMPRENDIDOS. Viven la dificultad con un estrés crónico.

La dislexia no es una enfermedad sino una condición que es mucho más frecuente de lo que se cree. Al respecto, el médico pediatra y miembro del comité Científico de la Asociación Dislexia y Familia Argentina, Gustavo Abichacra, precisó que “se estiman de uno a tres chicos por aula con esta condición y muchos no lo saben, a veces es leve y compensan si tienen un intelecto muy alto y un ambiente que los acompaña… son sobrevivientes del sistema, pero en su mayoría sufren terriblemente esta dificultad”.

En una extensa entrevista con FM de Las Misiones, la radio de PRIMERA EDICIÓN, este profesional referente en la materia recordó que la “dislexia es una forma diferente de pensar debido a una organización cerebral determinada que viene marcada genéticamente, que lleva a tener una dificultad para aprender a leer en forma fluida, exacta y automatizada”.

Esta dificultad, según explicó se hace evidente en los primeros años de escolaridad porque no puede leer como el resto de sus compañeros y se dificulta más, a partir de tercer grado, “cuando los chicos tienen que adquirir los conocimientos desde la lectura y la escritura; y esto va paralelo a lo emocional, porque es muy frustrante para ese niño inteligente tener las capacidades cognitivas para poder aprender a leer pero no poder hacerlo“.

Esto no solo le puede llevar al fracaso escolar sino también generar mucha angustia y depresión; no es casual que haya un porcentaje mayor de suicidios de chicos con dislexia en la adolescencia”, agregó.

 

Falta de formación docente

Pese a que se estima que uno de cada diez chicos tiene algún grado de dislexia, son pocos los docentes que se formaron para facilitar el proceso de aprendizaje de sus alumnos con este condición. Al respecto, Abichacra precisó que “si bien son más los docentes que conocen qué es la dislexia son muy pocos los que saben qué hacer con los chicos con esta condición, apenas el 15% de los docentes está formado y el 85% restante no”.

A su entender, “es desconocimiento y no falta de interés, en general tenemos una formación muy psicologista, es que se lo ve a los chicos tan inteligentes y despiertos para todo que no pueden creer que no puedan leer en forma fluida, piensan que es por una cuestión actitudinal pero no es así. Si un chico es disruptivo, se porta mal, es porque busca atención y afecto; nadie se porta mal porque sí”.

 

Una dificultad simple con consecuencias severas

Según Abichacra, “la dificultad que caracteriza a la dislexia en sí misma es simple y si se detecta tempranamente el cerebro tiene la plasticidad para acomodarse y poder aprender a leer como el resto de sus compañeros; a lo mejor no con la fluidez que puede tener un lector hábil, pero sí lo puede lograr”.

La detección temprana es clave porque permite ayudar a evitar las consecuencias emocionales que lleva esta dificultad. Al respecto, el entrevistado señaló que los chicos con dislexia hacen un esfuerzo mayor que sus pares y gastas gastan 5 a 6 veces más energía cerebral para leer y comprender un texto, por eso, cuando ese esfuerzo no es reconocido, muchas veces los lleva a bajar los brazos.

De ahí la importancia, según remarcó el médico, que docentes y padres detecten esta condición y sepan acompañar esta dificultad en el niño. “Es necesario comprender esta dificultad desde el aspecto cognitivo, saber que van a cometer errores de ortografía, van a saltear renglones, darán vueltas las palabras, les costará comprender los enunciados de un examen o un trabajo… porque estos chicos viven la dificultad con un estrés crónico con lo cual el organismo segrega sustancias que son muy malas para ellos. Como siempre digo, uno se puede poner mal por un examen pero vivir como si todos los días tenés un examen es lo que ellos sienten”, remarcó.

 

La importancia del diagnóstico

Según explicó el profesional, la necesidad de diagnosticar la dislexia no pretende patologizar la escuela, “los médicos no solo diagnosticamos enfermedades, también condiciones, como lo son el embarazo y la dislexia. El diagnóstico nos permite saber qué hacer con ellos, de hecho hoy hay una Ley, la 27.306, a la cual Misiones adhirió, que obliga a la formación docente y a hacer las adaptaciones necesarias para facilitar el aprendizaje… adaptaciones que en estos casos son muy simples: agrandar una letra, darles un poco más de tiempo, permitirles el uso de tablets y calculadoras, favorecer especialmente la oralidad, entre otras cosas. La ley también determina la cobertura de los tratamientos y diagnósticos, especialmente para las personas de bajos recursos”, señaló.

Según advirtió el especialista, el problema más grave se presenta cuando estos chicos no tienen diagnóstico porque arrastran la dificultad sin saber qué les pasa, “si no lo sabe el docente, el profesional o la misma familia… el chico empieza a malinterpretarse, primero empieza a tener bronca a la escuela y después termina teniéndose bronca a él mismo y empiezan los problemas más emocionales que a veces sí se transforman en patologías cuando sobreviene la depresión, autolesiones o a veces en la búsqueda de pertenecer a veces se vuelcan a drogas o alcohol”.

 

Hablar abiertamente con ellos

Para el especialista, es importante que el chico conozca su condición, “hay que hablar abiertamente con ellos porque, de lo contrario, pueden pensar que tienen algo grave, que lo que tienen es algo malo, que debe ocultarse. Eso es lo que tienden a pensar los pacientes a los que su familia les oculta su diagnóstico”.

Contó que tiene pacientes que se enteraron de grandes que tienen dislexia porque fueron diagnosticados en forma muy tardía, “por este motivo pasaron una escolaridad muy tortuosa como Mariano Martínez y Sebastián Estevanez. Fue un alivio para ellos saber de su condición, Steven Spielberg contó que se diagnosticó a los 60 años y entendió que él no era un bruto, que era muy inteligente pero que no tuvo los medios y fue malinterpretado toda su vida en cuanto a su dificultad”.

Confió que él también tiene un hijo con dislexia, “hoy estudia derecho y no sé si no hubiera tenido los medios, antes de la ley, si hubiera podido terminar la escuela”, analizó.

 

Dos signos para estar atentos

Indicó que hay dos signos precoces a los que hay que estar atentos, “uno es la hererabilidad y lo otro son los trastornos de lenguaje, cuando un niño tiene dificultades al hablar desde pequeño hay que derivarlo a una fonoaudióloga porque la dislexia está relacionada con la capacidad que tiene nuestro cerebro de manejar los sonidos del habla”.

Además, recomendó que si un padre, un abuelo o un tío tuvo dificultades con la escritura y el niño tuvo problemas en el habla, o habló muy tarde, no se acuerda el nombre de los colores o los nombres de sus compañeros “es aconsejable que a los 3 ó 4 años se consulte a un fonoaudiólogo para que pueda trabajar sobre la conciencia fonológica para que llegue a primer grado con la base necesaria para poder aprender a leer”.

Abichacra recordó además que así como está la dislexia es la dificultad para leer está la disgrafía, que es la dificultad para escribir, y la discalculia que es la dificultad para las matemáticas.

 

Fortalezas: más creativos y empáticos

Si bien la condición acompaña durante toda su vida a la persona, eso no implica que no pueda obtener el éxito. De hecho, hay muchos famosos conocidos como Bill Gates, Steve Jobs, Stephen Hawking, Pablo Picasso, Tom Cruise, Walt Disney y tantos otros que no solo son figuras públicas sino que aportaron a la sociedad.

Es una manera de pensar diferente, son personas mucho más creativas, más sensibles, perciben más lo no verbal, esto es así porque cuando uno tiene una dificultad en lo verbal (en este caso la lectura), lo no verbal se desarrolla para compensar esa dificultad. Quiero decir que la forma de poder decodificar la comunicación no verbal (posturas y gestos), lo que piensa y siente el otro, está muy desarrollado en las personas con dislexia. En EEUU, de hecho, buscan a las personas con dislexia para los puestos de recursos humanos”, señaló el médico Gustavo Abichacra.

En este sentido, remarcó que “tener dislexia no es una debilidad, lo que pasa es que no encajan en el sistema porque todo se hace a través de la lectura y escritura. Si uno ve cuáles son sus fortalezas, porque la inteligencia no pasa solamente por saber leer y escribir, inteligente no es solo el que sabe matemáticas“.

“La inteligencia emocional también se tiene que enseñar… a muchos profesionales los contratan por sus aspectos cognitivos y los echan por su falta de inteligencia emocional para poder trabajar en grupo; y en estos casos, estos chicos tienen un desarrollo enorme de estas capacidades y fortalezas; y sin embargo no se los valora porque en la escuela se valora más, como centro de la educación, lengua y matemática”.

Claro que también pueden ser muy buenos en matemática, de hecho hay grandes físicos y premios nóveles que tenían dislexia. Pero hay que darles la herramienta, es como si una fuera corto de vista y no tuviera anteojos, la persona tiene la capacidad pero no tiene el medio para poder acceder al conocimiento porque no le diste la herramienta”.

Y opinó además que “la herramienta no tiene que darse como un favor, porque no es una ventaja sino ponerlo al mismo nivel que el resto, y si las adaptaciones que se hacen a las personas con dislexia se hacen para todos los chicos favorecerá a todos. Las personas con dislexia tienen dificultades en la memoria de trabajo, en la secuenciación, a veces no recuerdan los días de la semana, los nombres de sus compañeros, por lo cual exigirle a una persona que nunca va aprender una tabla es ridículo”, explicó.

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