“Hay que pensar un modelo distinto al punitivo represivo, porque no funciona”


Los siglos de vigencia del actual modelo carcelario no tienen una igual de extensa lista de resultados exitosos de personas que, al salir, lograron mejorar sus vidas.

“Ni los investigadores, los docentes o el servicio penitenciario tenemos la solución, por eso debemos investigar modelos alternativos porque está claro que el paradigma punitivo represivo no funciona”, aseguró Claudia Liliana Perlo, investigadora del CONICET, oriunda de Rosario, docente de grado y posgrado de varias universidades del país, entre ellas la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, la radio de PRIMERA EDICIÓN.

En una extensa charla, Perlo habló de la investigación acción que desde el año que viene implementará junto a su equipo en la Unidad Penal V de Victoria, Entre Ríos.

 

¿El sistema penitenciario permite la reinserción social después de cumplir la condena?
La palabra reinserción está cuestionada porque nos debemos preguntar a qué sociedad estamos proponiendo que las personas se reinserten: una sociedad que los expulsó, sabemos que muchas de estas personas vienen de situaciones de abandono y de vulneración de derechos. Por eso, es una cuestión ríspida hablar de reinserción, por lo que en el equipo de investigación preferimos hablar de integración social.
No se trata de reinsertar personas a una sociedad maravillosa, armoniosa y afectuosa. Sino de una sociedad que necesita alojar a estar personas, por eso tenemos un trabajo bidireccional, multidireccional donde el problema del encierro, de la cárcel, es un problema de toda la comunidad: de las familias, de los operadores judiciales, de los docentes, investigadores, de los vecinos… porque las personas que están encerradas son nuestros vecinos que alguna vez volverán a estar al lado nuestro. Entonces, si no es por empatía, al menos por egoísmo cambiemos nuestra mirada.

 

Cuéntenos sobre el proyecto de investigación acción que junto a su equipo implementarán en la Unidad Penal 5 de Entre Ríos.
El proyecto se llama Madiva en honor a Mandela, pues era el nombre de su comunidad. El programa Madiva durará dos años en la Unidad V de la ciudad de Victoria, Entre Ríos. Comenzará en 2023. Con esta mirada biocéntrica buscamos la integración social con una fuerte participación de la sociedad: familias, víctimas. Incluye programas socio-educativo-laborales.
Hace cinco años que trabajo en la unidad V y ya venimos haciendo varias actividades. La más reciente es la creación de la cooperativa “Manos Unidas” conformada exclusivamente por personas presas, es la tercera cooperativa de presos en el país y la primera en Entre Ríos. Busca dignificar el trabajo en el encierro.
Hoy el trabajo no es genuino, es un trabajo de fajina, los internos hacen una colaboración y cobran un peculio. La palabra clave que diferencia el actual trabajo en las cárceles de estas cooperativas es “autogestión”.

 

¿Hay experiencias similares?
Nuestra investigación se basa en estudios previos que llevamos a cabo en la ciudad de Rosario en relación a las políticas públicas de seguridad y su relación con la violencia. Estamos convencidos de que el problema de la violencia no es un problema que tengamos que combatir porque es una paradoja. La violencia no puede ser abordada desde las armas, si creen que esta es una idea loca de una investigadora, vamos a los resultados: pese al proceso de militarización en las calles, en Rosario no logramos solucionar el problema de la violencia y, al contrario, se agravó.
También de otros estudios nacionales e internacionales que están dando otro abordaje al tema de la seguridad pública. Un caso que vengo estudiando es el de la cooperativa Liberté de la Unidad Penal de Máxima Seguridad de Batán, provincia de Buenos Aires, donde se está gestando un viraje importante de la política penitenciaria que va de un sistema punitivo y represivo a una ética del cuidado.

 

 

¿Cómo se posiciona como mujer de las ciencias?
Estoy por cumplir 30 años en el CONICET y siempre estuve con las botas puestas, como les digo a mis alumnos, porque creo que los investigadores tenemos el desafío de trabajar en territorio con los problemas más urgentes. Mi programa de investigación es de investigación acción porque todos los estudios que hacemos los plasmamos en programa de acción. El programa Madiva es un camino biocéntrico porque busca poner la vida en el centro, considerando que ya no son las personas dominando unas sobre otras sino que tenemos que organizar nuestras sociedades humanas en torno a la vida.

 

Es un objetivo ambicioso e idealista…
Nuestro programa persigue un sueño. Hace poco, una autoridad penitenciaria me dijo que el programa Madiva es una utopía… y me recordó a una cita de Eduardo Galeano que decía que las utopías están en el horizonte, si damos dos pasos, se corren dos pasos; y Galeano se pregunta para qué sirven entonces las utopías y se responde: sirven para caminar.
La utopía del programa Madiva es que las cárceles puedan transformarse en espacios socioculturales, laborales y recreativos. Está claro que hay personas que llegaron a una situación extrema y tienen que hacer una pausa, mirar hacia adentro y ver cómo dan de nuevo a su vida. Queremos lograr transformar esos espacios de castigo en espacios educativos, de emancipación y de transformación.
Incluso las celdas de castigo siguen en nuestras cárceles pese a ser consideradas como tortura por el Comité Nacional de Prevención de la Tortura.

 

En este modelo alternativo, ¿se trabajará distinto con las personas que cometieron delitos más graves?
No es desde el pasado de los internos que tenemos que trabajar, yo no trabajo con delincuentes sino con personas que muy probablemente cometieron un delito. No me interesa saber porqué están presos, como educadora es una persona, mi vecino o vecina, con el que trabajaremos juntos en proyectos educativos, laborales y recreativos… y cuando digo recreativos no digo solo diversión sino, como dice la palabra, volver a recrearse a sí mismos.

 

MOTIVADA. “No voy a la cárcel por el otro, voy por mí, por mis hijos, porque quiero una sociedad humana diferente”, aseguró la investigadora.

 

Muchas personas creen que, en nuestro país, las personas están mejor en las cárceles que afuera…
Como educadora, lo que puedo decir es que el castigo nunca educó a nadie. Pero está tan arraigado el paradigma punitivo represivo en nuestra sociedad que nosotros mismos, como padres, podemos identificarnos con este paradigma “si no te portás bien no vas a hacer esto o aquello”. Pero no existe ningún tipo de motivación en el castigo que pueda convencer de una conducta mejor ya sea a un niño, un joven o a un adulto. Incluso hay metáforas de la cárcel como hotel… pero a los que piensan así los invito a recorrer las cárceles y a mirar a los ojos a las personas.
Hace poco, un joven interno de Victoria me dijo que en la cárcel no se vive… sino que se pasa el tiempo de la mejor manera posible. Me partió el corazón porque si no se vive ¿Qué se está haciendo? El reloj de la vida no para, la vida es movimiento, si no se está viviendo se está muriendo.
Yo no voy a la cárcel por el otro, voy por mí, por mis hijos porque quiero una sociedad humana diferente.

 

¿Se podrá medir los resultados de Madiva?
La idea es medir los resultados de la investigación acción a corto, mediano y largo plazo. Hay un trabajo que queremos hacer que es la creación de Comités de Resolución de Conflictos que hoy ya están en marcha en todas las unidades penales del Servicio Penitenciario Bonaerense y estarían a corto plazo disminuyendo el uso de las celdas de castigo y a mediano plazo deberían eliminarse. Pero esto tenemos que verlo en la práctica, en el estudio de un caso, como el de Batán o Victoria, y esos resultados tienen que poder ser medidos. Hay métodos cualitativos que permiten medir de los procesos y resultados, arribar a conclusiones para presentar estos resultados al Poder Judicial y a los Servicios Penitenciarios de las provincias, mostrando lo que funciona y lo que no funciona porque no estamos diciendo que el programa Madiva es la solución al problema penitenciario. Investigamos porque estamos en búsqueda de soluciones y alternativas diferentes a las que se vienen implementando y en base a esos resultados iremos redireccionando el programa.

¿Planifican también un trabajo con las víctimas?Este programa prevé un trabajo de cogestión entre el Servicio Penitenciario, las personas presas y las víctimas. El trabajo de las víctimas, a través de la organización Víctimas por la Paz, presidida por Diana Márquez, es muy importante porque trabajan por la paz, no por el castigo, porque no quieren multiplicar el dolor. La venganza no conduce a la paz social, entonces este movimiento se pone al servicio de la ejecución de la pena y las personas presas trabajan con las víctimas para restaurar.

 

¿Cómo atraviesa la problemática del consumo y las adicciones en las cárceles?
Atraviesa de los pies a la cabeza. La adicción es el vehículo que conduce a la mayoría al delito, según las estadísticas del Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena (SNEP) en su mayoría son varones y menores de 35 años, con escolaridad incompleta, estaban sin trabajo o hacían alguna charla al momento de ser detenidos.
Las personas que trabajan en adicciones dicen que la adicción te lleva al hospital, a la cárcel o al cementerio. Escuché a pibes en el encierro que dicen que la cárcel los paró, que impidió que estén muertos como sus hermanos o amigos.
En la Unidad V tenemos un taller de adicciones, creo que el trabajo tiene que ser grupal, vincular. Trabajamos con alcohólicos anónimos, que tiene un modelo exitoso y probado desde hace más de 50 años. Por mi parte, yo trabajo con el cuerpo a través de la biodanza, porque soy profesora y didacta de biodanza. Las adicciones toman el cuerpo por lo que necesitamos trabajar con el cuerpo, ponerlo en movimiento. Trabajamos la autoestima, la autocalificación y la identidad. La mayoría de las historias personales están signadas por la droga, la violencia y el abandono.
De hecho, mi presencia actual en Posadas se debe a que vine para participar en la Cátedra de Biodanza y Salud de la Especialización en Promoción en Salud Integrativa de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la UNaM.

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