En Misiones crecen las autolesiones, el uso de drogas, el vapeo y el juego patológico


La crisis económica que atraviesa el país empieza a mostrar una de sus caras más complejas y menos visibles: el impacto en la salud mental y el incremento de los consumos problemáticos. En Misiones, el escenario enciende alertas entre los equipos de salud, que advierten no solo un aumento de casos, sino también nuevas formas de adicción y conductas de riesgo cada vez más extremas.

“El consumo se va acentuando, sobre todo en drogas ilícitas como cocaína, piedra o marihuana”, afirmó en una entrevista con FM 89.3 Santa María de las Misiones,  el subsecretario de Abordaje de las Adicciones, Juan Gustavo Marín, al analizar la situación provincial. Según explicó, los dispositivos de atención reciben a pacientes que, en la mayoría de los casos, no llegan por iniciativa propia: “Al centro llegan preferentemente personas traídas por algún familiar, amigo o compañero de trabajo”.

Este dato, lejos de ser menor, refleja el impacto social del problema y cómo el entorno cercano se convierte en el primer eslabón de contención ante situaciones que muchas veces escalan en silencio.

Más consumo y nuevas formas de daño

Aunque el alcohol y el tabaco siguen presentes, Marín advirtió que existe una “invisibilización” de estos consumos, mientras que el foco hoy está puesto en las drogas ilegales. Sin embargo, lo que más preocupa no es solo el tipo de sustancia, sino la forma en que se combina con otras problemáticas.

“Nos está preocupando mucho el consumo combinado con autolesiones, autoagresión”, alertó el funcionario, al tiempo que confirmó que esta tendencia ya se registra en la guardia de emergencias que el área comparte con el Hospital Carrillo.

El fenómeno atraviesa distintas edades y clases sociales. “No solamente en menores de 20 años, sino también en personas mayores, con trabajo y actividad laboral”, detalló. Y vinculó directamente estas conductas con el contexto actual: “Nos parece que les está superando la situación económica, la parte social, esta falta de poder superar y crecer con las frustraciones”.

En ese sentido, fue contundente: “Digo autolesiones por no decir también intentos de suicidio”.

Vapeo: una moda peligrosa que crece entre adolescentes

Otro de los focos de preocupación es el crecimiento del consumo de vapeadores, especialmente entre los más jóvenes. “En menores de 20 años aumentó mucho el consumo, reemplazando al cigarrillo tradicional”, explicó Marín.

Las cifras son alarmantes: “En encuestas realizadas en escuelas secundarias, un 35% de los estudiantes consumía vapeador”, señaló, al referirse a relevamientos recientes en la provincia.

El problema, advirtió, es doble. Por un lado, la falsa percepción de que es menos dañino. Por el otro, su alta capacidad adictiva. “El vapeador tiene nicotina, que es el elemento adictivo que tiene el tabaco”, explicó.

Imagen ilustrativa

Además, desmintió la idea de que es inocuo: “El humo es mucho más tóxico que el del cigarrillo, contiene sustancias como plomo y otros elementos que pueden generar consecuencias en la salud respiratoria y digestiva”.

A esto se suma una contradicción normativa que facilita su expansión: “Está prohibida la venta y comercialización, pero no el uso. Es una legislación extraña”.

En una provincia con fuerte intercambio fronterizo, la situación se agrava: “El paso de vapeadores y de las sustancias para vapear está muy diseminado”, reconoció.

La ilusión del “golpe de suerte”: crece el juego compulsivo

El mapa de las adicciones también incorpora nuevas conductas que avanzan de manera silenciosa. Entre ellas, el juego patológico aparece como una tendencia en alza.

“Estamos teniendo mucho juego compulsivo, la idea de salvarse con una maquinita o con un sorteo”, explicó Marín.

Según indicó, este fenómeno está fuertemente vinculado al contexto económico: “La idea es mejorar con un solo toque, lo más rápido posible”. Sin embargo, lejos de ser una salida, se convierte en una trampa que profundiza la dependencia y la frustración.

Un problema que atraviesa toda la provincia

A diferencia de años anteriores, cuando se señalaban zonas específicas como más críticas —especialmente el norte misionero por su cercanía con las fronteras—, hoy el consumo problemático se extiende a todo el territorio.

“No hay una ciudad o localidad que no tenga consumo. Lo que cambia es la visibilización, que es mayor en las grandes urbes”, sostuvo.

En cuanto a los grupos etarios, si bien la preocupación sigue centrada en los menores de 20 años, el mayor número de consultas proviene de adultos jóvenes. “Tenemos personas de 20 a 40 años que son las que más consultan”, indicó.

Esto revela que muchas trayectorias de consumo comienzan en la adolescencia y se consolidan en la adultez.

Frente a este escenario, Marín reconoció que el sistema trabaja al límite de sus posibilidades. “Somos unos pocos trabajando en un mar de problemas”, graficó.

Si bien destacó la existencia de dispositivos en distintas localidades —como Eldorado, Iguazú, Oberá, Apóstoles, San Javier, Jardín América y Aristóbulo del Valle—, admitió que el desafío es mucho mayor.

“Estamos como apagando incendios”, dijo, y llamó a un cambio de enfoque: “Necesitamos que la sociedad entienda que esto se mejora entre todos. Es un cambio social”.

En esa línea, remarcó la importancia de la información basada en evidencia: “Tiene que haber información real y convincente, con base científica, para poder ayudar al otro a reconocer que tiene un problema”.

Señales de alerta: qué mirar a tiempo

Uno de los puntos clave es la detección temprana. El funcionario insistió en que existen signos claros que pueden advertir sobre un consumo problemático o una situación de riesgo.

“Los cambios de conducta, la irritabilidad, el aislamiento, el encierro, son las primeras señales que hay que tener en cuenta”, explicó.

Estas manifestaciones, muchas veces naturalizadas o minimizadas, pueden ser la antesala de situaciones más graves.

Finalmente, Marín dejó en claro que las adicciones deben ser abordadas desde una perspectiva sanitaria y no solo social o judicial.

“Todo lo que sea adicción o consumo problemático es un problema de salud”, afirmó. Y concluyó con una advertencia que interpela a toda la sociedad: “Esto no se va a resolver de un día para otro. Es un trabajo de hormiga, donde cada uno tiene que poner su granito de arena”.

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