En el marco de la Semana Mundial de la Alergia Alimentaria, celebrada entre el 23 y el 27 de junio, especialistas advierten sobre un notable incremento de estas afecciones a nivel global, impulsado principalmente por las transformaciones en la producción de la industria alimentaria. En el contexto actual, aseguran que entre el 80% y el 90% de los casos de alergias son provocados por productos comunes como la leche de vaca, el huevo y el maní.
En comunicación con FM 89.3 Santa María de las Misiones la licenciada en Nutrición Karina González enfatizó la necesidad de que la población aprenda a identificar las señales de alerta en el organismo y acuda a profesionales para obtener un diagnóstico certero mediante estudios complementarios.
Al definir la naturaleza de estas reacciones, explicó que una alergia alimentaria “es una reacción que se produce en el cuerpo por algún tipo de alimento que yo consumo”, por lo que resulta fundamental identificar los desencadenantes. En ese sentido, la nutricionista instó a la comunidad a “tratar de evaluar cuál es, qué tipo de alimentos nos causan alergia, cuáles son los síntomas, por ejemplo, si tengo una hinchazón de labios, o si tengo alguna urticaria, alguna picazón”. Esta primera evaluación personal es el punto de partida para diferenciar un cuadro alérgico de una simple intolerancia.
Respecto a esta distinción, la especialista aclaró que existen marcadas diferencias en la gravedad de las respuestas orgánicas, señalando que “la alergia es diferente porque, si bien los dos son una reacción del organismo, la intolerancia a veces podemos llegar a poder consumir algo de ese alimento”. Por el contrario, el escenario ante una alergia es significativamente más drástico, ya que “hay alergias que producen reacciones muy contundentes, anafilácticas se llaman, entonces tienen sus diferencias” que ponen en riesgo la salud.
Para ejemplificar esta complejidad, González detalló el caso de los lácteos, advirtiendo que “a veces tenemos intolerancia a una enzima que se llama lactosa, pero a veces somos alérgicos a la proteína de la leche de la vaca, que no es lo mismo”. Esta diferencia determina por completo el tratamiento nutricional del paciente, dado que “si tengo una intolerancia podría consumir una leche deslactosada siendo de vaca, pero si yo tengo una alergia a la proteína de la leche de la vaca no puedo consumir ningún producto que sea lácteo”.
Los síntomas también varían de acuerdo a la patología, manifestando distintas escalas de gravedad que el paciente debe registrar con precisión. Al respecto, la licenciada puntualizó que “las intolerancias me pueden dar, por ejemplo, una distensión, una diarrea, y las otras reacciones son más complicadas, a veces algunas reacciones te llevan a la guardia”. Ante la presencia de cualquiera de estas manifestaciones físicas, la recomendación profesional es “anotar, e ir al médico porque esto se tiene que evaluar con otros estudios complementarios”.
Más diagnósticos
Al ser consultada sobre las causas del incremento de diagnósticos en el último tiempo, la experta vinculó el fenómeno de manera directa con las prácticas de la manufactura moderna de los alimentos. González confirmó este escenario aduciendo que “en nuestros alimentos, en la producción, hubieron cambios en la industria alimentaria y esto hizo que tengamos muchas más alergias”. El origen del problema radica en que actualmente “se agregan ingredientes a ciertas preparaciones y esto puede llegar a causar más alergias, y sí hay un aumento” sostenido de pacientes.
En respuesta a esta problemática, los profesionales de la salud despliegan estrategias educativas enfocadas en la prevención y en la capacitación de los consumidores desde la etapa escolar. “Siempre hacemos alguna tipo de actividad o hacemos algún recordatorio en el colegio con respecto a estas cuestiones, qué tener en cuenta, cuándo recurrir al médico, cómo mirar las etiquetas de estos alimentos que por ahí nos causan alergia”, remarcó la nutricionista. Estas acciones buscan dotar a la población de herramientas prácticas para el día a día en los comercios.
Finalmente, González concluyó con una recomendación dirigida a toda la comunidad para actuar de manera preventiva frente a las señales que envía el cuerpo. “Si yo tengo algún síntoma, ya sea la diferencia entre alergia e intolerancia, distensión abdominal, diarrea, estreñimiento, o comí algo y se me inflamaron los labios, o tuve alguna urticaria… todos estos síntomas son signos de que algún alimento no me está cayendo bien, y me tengo que acercar al médico”, sentenció la profesional y alertó también sobre la práctica de la automedicación.
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