
El Banco de Sangre, Tejidos y Biológicos de Misiones cerró el primer semestre del año con una premisa que atraviesa toda su tarea diaria: “la sangre espera al paciente”. Esa definición resume la lógica preventiva con la que trabaja la institución, encargada de responder a las demandas de hospitales de toda la provincia, en un escenario donde los servicios de salud se vuelven cada vez más complejos y requieren disponibilidad permanente de hemocomponentes.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, Valeria Gómez de Olivera, responsable del Área de Promoción y Colectas Externas, planteó que no es posible hablar de un stock “óptimo” en términos absolutos, porque las necesidades cambian todos los días. La apertura de más quirófanos en distintas localidades permite descentralizar parte de la demanda que históricamente recaía sobre Posadas, pero al mismo tiempo obliga a sostener una planificación constante para cubrir cirugías, tratamientos, emergencias y siniestros.
La institución trabaja bajo una lógica anticipada: no se puede esperar a que un familiar, un vecino o un conocido decida donar recién cuando un paciente necesita sangre. Antes de que una unidad pueda utilizarse, cada persona debe presentarse en el Banco, atravesar una entrevista, realizar un examen físico, calificar como donante y luego pasar por los análisis correspondientes para confirmar que esa sangre esté en condiciones de ser destinada a un paciente. Ese circuito lleva tiempo y vuelve inviable depender únicamente de donaciones de urgencia.
Por eso el Banco sostiene su actividad durante los 365 días del año, sin depender de fechas especiales. Los pacientes no esperan cumpleaños, Navidad ni Año Nuevo, y tampoco las emergencias avisan. Gómez de Olivera recordó que situaciones como siniestros viales o episodios de alta demanda obligan a tener previsión permanente. Incluso, para graficar el nivel de organización necesario, contó que la institución ya se encontraba cerrando el cronograma de agosto.
El balance del semestre muestra, además, un trabajo sostenido de educación y concientización. Desde el Área de Promoción y Colectas Externas se busca instalar la donación voluntaria como una práctica habitual, no como una respuesta aislada ante la enfermedad de un ser querido. Ese cambio cultural requiere tiempo, porque todavía persisten mitos asociados al acto de donar: que una vez que se dona hay que seguir haciéndolo obligatoriamente, que puede provocar aumento de peso o que se trata de un procedimiento complicado.
La tarea con escuelas e instituciones ocupa un lugar central. Gómez de Olivera remarcó que los niños y adolescentes incorporan la información de otra manera y pueden convertirse en multiplicadores dentro de sus familias y comunidades. Por eso extendió la invitación a colegios e institutos que quieran recibir charlas del Banco de Sangre. La institución también realiza visitas guiadas dentro de su sede, con el objetivo de acercar a los estudiantes al circuito de donación y despejar dudas.
El acompañamiento de los medios también aparece como un factor importante. La difusión frecuente permite que hablar de donación de sangre se vuelva más cotidiano y deje de estar asociado únicamente a situaciones extremas. Antes, la convocatoria solía aparecer cuando un familiar necesitaba sangre; ahora, el objetivo es que la comunidad comprenda que con 45 minutos de su tiempo puede contribuir a salvar vidas, sin esperar a que exista una urgencia cercana.
El procedimiento, según detalló la responsable del área, es sencillo. Las personas deben acercarse con una identificación, ya sea DNI, pasaporte o licencia de conducir. Luego se registran los datos, se realiza una entrevista con preguntas clínicas y se completa un examen físico para confirmar que el donante esté en condiciones. La extracción en sí es la parte más breve: dura aproximadamente siete minutos.
Ese gesto tiene un impacto directo. Una donación puede contribuir a la atención de hasta cuatro pacientes adultos. En el caso de pacientes pediátricos o de neonatología, el alcance puede ser incluso mayor: una unidad puede ayudar a seis y, en algunos casos, hasta ocho personas. Para Gómez de Olivera, además del valor sanitario, donar también genera una satisfacción personal importante, algo que remarcó desde su propia experiencia como donante periódica.
En cuanto al perfil de quienes más se acercan a donar, las mujeres aparecen con mayor predisposición. En las colectas externas suelen contagiarse entre ellas y organizarse con más facilidad, mientras que a los varones todavía les cuesta más acercarse, muchas veces por temores o resistencia al ámbito médico. Entre los jóvenes, en cambio, la respuesta viene creciendo con fuerza.
Un ejemplo reciente fue la jornada realizada en el Instituto San Basilio, donde asistieron 78 donantes, de los cuales 50 eran estudiantes. La participación juvenil es especialmente valorada porque, desde los 16 años, las personas pueden donar con autorización de sus padres y siempre que cumplan con los requisitos necesarios. En líneas generales, la franja que más dona se ubica entre los 20 y los 40 años, aunque también se extiende hasta aproximadamente los 45.
De cara al segundo semestre, el Banco de Sangre buscará profundizar el trabajo educativo, llegar a más instituciones y mantener las colectas en distintas localidades. La intención es seguir sumando donantes voluntarios y reforzar la presencia territorial, como ocurre cada año. Para consultas, dudas o solicitudes de charlas, la institución mantiene abiertas sus redes sociales bajo el nombre Banco de Sangre Misiones.
Julio, sin embargo, aparece como un mes especialmente desafiante. Las vacaciones escolares, los cambios de rutina y las prioridades familiares suelen reducir la disponibilidad de donantes. Algo similar ocurre entre noviembre y febrero, cuando el cierre del ciclo lectivo, las vacaciones y el regreso a clases hacen que muchas personas posterguen la donación. En esos períodos, el Banco intensifica los pedidos públicos y se apoya en la difusión para sostener la convocatoria.
Finalmente, Gómez de Olivera remarcó que el objetivo sigue siendo el mismo: que más personas pierdan el miedo, se informen y comprendan que donar sangre no debería depender de una emergencia, sino formar parte de una práctica solidaria sostenida durante todo el año.
“Pantallazo”

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