Mientras el dengue deja de ocupar el centro de la escena pública durante los meses más fríos, en Posadas la vigilancia sanitaria continúa activa. Este lunes, más de 120 técnicos municipales salieron nuevamente a recorrer barrios de la ciudad en el marco de un nuevo Levantamiento Rápido de Índices de Infestación de Aedes aegypti (LIRAa), una herramienta estadística que el municipio sostiene de manera ininterrumpida desde 2009 y que ya alcanzó su edición número 43.
El dato no es menor: según remarcan desde el área de Vigilancia y Control de Vectores, Posadas es actualmente el único municipio del país que mantiene este nivel de continuidad en los monitoreos preventivos vinculados al dengue.
Pero detrás de esa constancia aparece también una realidad compleja. Los índices de infestación de la capital misionera continúan oscilando entre el 10% y el 12%, más del doble del 5% considerado ideal por los organismos sanitarios para disminuir el riesgo de brotes.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, el director de Vigilancia y Control de Vectores de la Municipalidad de Posadas, Fabricio Tejerina, explicó que el operativo funciona mediante una matriz estadística aleatoria que selecciona manzanas específicas de la ciudad, donde luego se inspecciona entre el 25% y el 50% de las viviendas.
“El programa LIRAa es un programa estadístico. Las viviendas se eligen al azar y eso permite que los datos tengan fortaleza técnica para extrapolar la situación a toda la ciudad”, señaló.
El operativo iniciado este lunes se concentra en sectores de las chacras 32-33 y parte de Villa Urquiza. Allí, los técnicos recorren los domicilios para identificar recipientes con agua acumulada, presencia de larvas y posibles criaderos del mosquito transmisor del dengue.
El límite entre la política pública y los hábitos cotidianos
Pese a los años de campañas y monitoreos, desde el municipio reconocen que el principal obstáculo sigue estando dentro de las casas.
“Los baldes de pintura, los neumáticos, las plantas en agua y los floreros siguen siendo los criaderos más comunes que encontramos en la ciudad”, detalló Tejerina.
Según explicó, muchas veces el problema no está relacionado con la suciedad visible. “Hay patios muy limpios y ordenados, pero con recipientes que acumulan agua. Ahí está el problema”, remarcó.
El funcionario reconoció que modificar esos hábitos domésticos sigue siendo una de las tareas más difíciles dentro de la prevención sanitaria. “Es muy complicado cambiar esa forma de almacenar agua que tiene la población”, admitió.
A eso se suma una condición estructural que diferencia a Misiones de otras regiones del país: el clima subtropical sin estación seca. Las lluvias frecuentes y las temperaturas templadas incluso durante el invierno generan condiciones permanentes para la reproducción del mosquito.
“El clima que tenemos en Misiones hace muy difícil mantener índices bajos. Tenemos abundante agua y precipitaciones constantes. Pero si no hiciéramos este trabajo cotidiano, seguramente los índices serían muchísimo más altos”, sostuvo.
La prevención que casi no se ve
Desde el área municipal remarcan que el trabajo preventivo suele quedar invisibilizado justamente porque busca evitar que ocurran brotes masivos.
“A veces se invisibiliza todo lo relacionado con la promoción y prevención en salud, que en realidad es la base de la salud pública. Como es un trabajo silencioso, muchas veces no se ve y también es poco valorado”, planteó Tejerina.
El funcionario también reconoció que persisten dificultades para ingresar a todos los domicilios. Según indicó, alrededor de un 15% de los vecinos rechaza el ingreso de los técnicos municipales, situación que se repite de manera constante en los distintos operativos.
Además, el frío modifica parte de la dinámica territorial. “La gente está más encerrada o le cuesta más salir para acompañarnos en los patios”, explicó.
Pese a ello, desde el municipio aseguran que el acompañamiento social sigue siendo mayoritariamente positivo y destacan que una parte importante de la población ya comprende el riesgo que implica la acumulación de agua en recipientes domésticos.
Las recomendaciones continúan siendo las mismas: evitar recipientes con agua estancada, cambiar frecuentemente el agua de floreros, tapar depósitos, cepillar recipientes y consultar rápidamente al médico ante síntomas compatibles con dengue, especialmente después de viajar a zonas con circulación viral.
Sin embargo, Tejerina insistió en que ninguna política sanitaria alcanza sin participación vecinal.
“Ni el municipio ni el intendente pueden limpiar la casa de cada vecino. Tiene que existir participación de la comunidad. Hay que tomarse 10 o 15 minutos por semana para limpiar, ordenar y cepillar los recipientes con agua”, concluyó.
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