La crisis modifica la vida universitaria: cursan menos materias y llegan menos jóvenes del interior


Imagen ilustrativa (Archivo)

 

La dificultad para llegar a fin de mes comenzó a modificar no solamente las condiciones en las que estudian los universitarios, sino también la cantidad de materias que cursan, el tiempo que necesitan para graduarse y sus posibilidades de trasladarse desde el interior de Misiones hasta Posadas.

En la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) observan que muchos alumnos continúan sus carreras, pero ya no se inscriben en todas las asignaturas previstas para cada año. En lugar de cursar diez materias, algunos eligen seis o siete, principalmente aquellas necesarias para mantener las correlatividades, y reservan parte de su tiempo para trabajar o realizar changas. Así lo explicó Ricardo Oettel, responsable de Bienestar Estudiantil de la Facultad, durante una entrevista con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, en el comienzo del segundo tramo del ciclo lectivo.

“La mayoría de los estudiantes, como la mayoría de los argentinos, no está llegando a fin de mes”, resumió. Según señaló, las dificultades de las familias llevan a que los jóvenes busquen un empleo, una changa o cualquier ingreso que les permita afrontar sus gastos y, en algunos casos, colaborar con sus hogares. La situación no necesariamente deriva en un abandono inmediato, pero sí altera el ritmo académico. Los alumnos seleccionan una menor cantidad de asignaturas para liberar horas y compatibilizar la universidad con el trabajo.

Oettel explicó que esta reorganización del cursado tiene consecuencias sobre la duración de las carreras. Una licenciatura prevista para cinco años puede extenderse, en promedio, a seis o siete, especialmente cuando el estudiante trabaja, tiene una familia a cargo o debe cumplir otras responsabilidades además de estudiar.

Para el responsable de Bienestar Estudiantil, frente a este escenario, el primer objetivo es evitar que los alumnos queden fuera del sistema. “Lo importante es que permanezcan”, sostuvo.

La graduación, agregó, continúa representando para los sectores trabajadores una posibilidad de acceder a una mejor calidad de vida, conseguir empleos más calificados y mejorar sus ingresos. También destacó que el paso por la universidad pública ofrece herramientas que exceden la formación académica, al generar vínculos, contactos y nuevas formas de interpretar la realidad.

Cada vez es más difícil estudiar lejos de casa

La crisis económica también produjo un cambio en el origen de la matrícula de Humanidades. Oettel recordó que, años atrás, hasta el 70% de los estudiantes provenía del interior de Misiones y alrededor del 30% era de Posadas. Aclaró que esa composición se invirtió y que actualmente la mayoría de los alumnos reside en la capital provincial, mientras que son cada vez menos quienes pueden trasladarse desde otras localidades para estudiar.

Oettel atribuyó el cambio principalmente al costo que representa mantener una segunda vivienda. Para una familia trabajadora, pagar un alquiler, los servicios, la alimentación y los demás gastos de un hijo en Posadas se volvió extremadamente difícil.

“Hoy sostener dos casas es muy complicado”, afirmó y mencionó como ejemplo a las familias de colonos, albañiles y otros trabajadores que históricamente enviaban a sus hijos a la capital para continuar una carrera universitaria.

El dato constituye una apreciación de Bienestar Estudiantil basada en la evolución observada dentro de Humanidades específicamente y es algo que también se refleja en los albergues universitarios.

Humanidades contaba antes del receso con alrededor de 124 estudiantes alojados, distribuidos entre inmuebles alquilados en el centro de Posadas y dependencias ubicadas en el campus universitario. Aunque hubo períodos en los que las plazas resultaban insuficientes, actualmente todavía existen lugares disponibles.

Para Oettel, esto no significa que haya desaparecido la necesidad de alojamiento, sino que cambió la realidad de la matrícula: menos jóvenes del interior están en condiciones de instalarse en Posadas.

Ante ese escenario, la Facultad proyecta profundizar el Programa de Expansión Territorial, mediante el cual se dictan doce carreras fuera de la capital provincial.

Las propuestas mantienen los mismos equipos de cátedra, docentes, contenidos, planes de estudio y titulaciones. La modalidad combina actividades virtuales durante la semana con cursados presenciales intensivos los viernes y sábados.

Según Oettel, las extensiones áulicas presentan una mayor retención porque permiten que los alumnos organicen de otra manera su vida cotidiana: pueden trabajar de lunes a jueves, cursar durante los últimos días de la semana y permanecer cerca de sus familias y redes afectivas. De esta forma, la expansión territorial dejó de ser solamente una política de crecimiento académico y se convirtió en una respuesta concreta ante la imposibilidad económica de trasladarse y vivir en Posadas.

 

 

El comedor, una política clave para sostener el cursado

El comienzo del segundo semestre también estuvo marcado por la reapertura del comedor universitario. Durante la primera jornada asistieron 96 estudiantes, una cantidad cercana a las entre 100 y 120 raciones que se habían previsto. La concurrencia todavía se encuentra por debajo de los niveles habituales porque la Facultad atraviesa el período de mesas de examen y muchos alumnos aún permanecen en sus localidades o en otras provincias.

Durante el funcionamiento pleno del ciclo lectivo, el comedor llega a preparar casi 500 almuerzos diarios y entre 200 y 250 cenas. El servicio de almuerzo funciona de lunes a sábado, mientras que las cenas se ofrecen de lunes a viernes.

Oettel definió al comedor como una de las políticas más importantes de Bienestar Estudiantil, junto con las becas de salud, alojamiento y cuidados. La alimentación, explicó, representa uno de los principales gastos dentro del presupuesto de cualquier estudiante. El acceso al comedor, al boleto educativo, a una plaza de albergue o a una beca puede aliviar parte de la carga económica y favorecer la permanencia, aunque desde la Facultad reconocen que esas herramientas ya no siempre resultan suficientes frente al deterioro de los ingresos familiares.

A las dificultades de los estudiantes se suman las restricciones presupuestarias de la propia institución. El responsable de Bienestar Estudiantil  señaló que los recursos enviados para gastos de funcionamiento no alcanzan para financiar todos los servicios y que la Facultad debe utilizar fondos propios para sostener el comedor universitario.

Esos recursos no se destinan únicamente al mantenimiento de los edificios, sino también a políticas esenciales para que los alumnos puedan continuar estudiando. “Para nosotros no es un gasto, es una inversión”, remarcó el funcionario universitario al referirse al comedor.

Mientras comienza el segundo cuatrimestre, el desafío de Humanidades ya no se limita a garantizar la oferta académica. La prioridad pasa también por sostener a estudiantes que deben trabajar más, cursar menos materias y extender sus carreras, y por acercar la universidad a quienes ya no pueden afrontar el costo de abandonar su localidad para estudiar en Posadas.

 

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