La mandioca, uno de los cultivos emblemáticos de Misiones, atraviesa uno de sus momentos más delicados en los últimos años. Así lo refleja el reciente informe de Coninagro, que ubicó a la actividad en zona “roja” dentro del semáforo de economías regionales, una categoría que agrupa a los sectores en crisis por caída de rentabilidad, consumo o producción.
El diagnóstico nacional encuentra eco en el territorio. En diálogo con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, el productor y expresidente de la Cooperativa Agrícola Ganadera de Gobernador Roca, Marcelo Dziewa, describió un escenario crítico que se viene arrastrando desde hace varios años. “Lastimosamente nuestro producto madre hoy está pasando por una situación muy crítica. Pero bueno, son cosas que tendrían que estar pasando, me imagino, así que tenemos que sobrellevarlo nomás”, señaló.
La crisis no es repentina. Según explicó, el problema comenzó a gestarse hace al menos dos o tres años, cuando los bajos precios de la raíz llevaron a muchos productores a abandonar la actividad. “El colono llegó a un punto en donde dijo ‘no me conviene más producir raíz de mandioca’. Y bueno, hoy estamos pagando esa consecuencia”, sostuvo. A ese escenario se sumaron factores climáticos adversos: “El año pasado tuvimos un invierno muy crudo, entonces también perdimos muchos plantines de mandioca, así que para este año fue difícil la siembra”.
El resultado es una paradoja que hoy define al sector: hay precios en alza, pero falta producto. “Este año por ahí podemos decir que tuvimos un incremento de precio, pero sin raíces. Eso es algo que no estamos acostumbrados todavía”, explicó.
Actualmente, el precio del kilo de mandioca ronda los 400 pesos para consumo fresco y unos 350 pesos para industria, aunque esta diferencia genera tensiones en la comercialización. “El productor quiere vender mejor en fresco, pero la economía nuestra hoy no está dando sus beneficios para que se pueda vender en cantidades como se hacía años anteriores”, agregó.
Menos consumo, más incertidumbre
El dato más alarmante es la caída del consumo interno. De acuerdo con Dziewa, la demanda se desplomó más de un 50% en el último año. “Realmente es un golpe muy duro”, resumió.
El impacto ya se siente en toda la cadena. Comercios que antes ofrecían el producto dejaron de hacerlo y los hábitos de compra cambiaron. “Supermercados y comercios que antes vendían hoy no lo quieren hacer porque no lo ven rentable. Se paró la venta. El mismo consumidor, si antes compraba dos, ahora compra uno”, describió.
Esta retracción golpea directamente a un entramado productivo amplio: más de 70.000 familias misioneras dependen de la mandioca, ya sea de manera directa o indirecta. En ese contexto, el deterioro del consumo no solo refleja una crisis sectorial, sino también una señal del ajuste en el bolsillo de los consumidores.
Un sector condicionado por el mercado y la política
En paralelo, el sector busca respuestas estructurales. Entre ellas, la posibilidad de reducir la carga impositiva aparece como un reclamo central. Actualmente, la fécula de mandioca tributa un 21% de IVA, muy por encima del 10,5% que pagan otras harinas. “Nosotros ya fuimos a Buenos Aires a tratar ese tema. Esperemos que salga, porque sería una baja importante y se vería reflejada en el productor”, explicó Siegua.
Sin embargo, más allá de las medidas locales, la actividad enfrenta limitaciones estructurales. El precio de la fécula, uno de los principales derivados, se comporta como un commodity y depende del mercado internacional. “Estamos atados a los precios internacionales. Si no suben, nosotros tampoco podemos subir porque tenemos que competir con los países vecinos”, indicó.
En contraste, el mercado de mandioca fresca no tiene salida exportadora, lo que genera distorsiones internas. “No se exporta ni se importa, entonces ahí se ve esa diferencia de precios en las góndolas”, señaló.
Otro punto crítico es la diferencia entre el precio que recibe el productor y el valor final en góndola. Mientras en origen ronda los 400 pesos, en algunos comercios puede superar ampliamente ese valor. Según el referente del sector, esta brecha se explica por costos de logística, intermediación y procesamiento. “Una mandioca pelada y congelada puede estar a 3.000 pesos porque de un kilo con cáscara te queda medio kilo, y después tenés costos de personal, cargas sociales y todo lo que implica preparar el producto”, detalló.
Pese al panorama adverso, el productor evita un diagnóstico completamente pesimista y deja abierta una ventana de recuperación. “El precio hoy comparado con el año anterior subió bastante, entonces el colono puede sentirse incentivado a plantar más para el año que viene. Eso dependerá del consumo interno. Si se vende, se planta; si no, no es rentable”, concluyó.
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