El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de la región del Noreste Argentino (NEA) registró en abril una variación del 2,7%, apenas una décima por encima del promedio nacional, que fue del 2,6%. El dato representó una baja significativa respecto del 4,1% registrado en marzo y mostró una desaceleración inflacionaria en la región.
Sin embargo, detrás de la mejora estadística persisten fuertes aumentos en rubros sensibles para la vida cotidiana, como vivienda, energía, transporte y alimentos, mientras que el deterioro de la actividad económica y del consumo aparece cada vez más asociado a la baja del índice general.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, el director de Metodología y Relevamiento Estadístico del IPEC, Darío Díaz, advirtió que el acumulado inflacionario del primer cuatrimestre ya alcanza el 14,4%, un dato que impacta directamente sobre salarios y negociaciones paritarias.
“Abril nos muestra una desaceleración interesante. Pasar de 4,1% a 2,7% es muy bueno”, explicó el economista, aunque aclaró que el contexto sigue siendo complejo.
El rubro que más aumentó en abril fue vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con una suba mensual del 3,3%, impulsada principalmente por alquileres y servicios públicos.
En segundo lugar apareció transporte, con un incremento mensual del 5,6%, traccionado por el impacto del combustible sobre taxis, colectivos y logística.
También crecieron con fuerza las comunicaciones: telefonía, internet y televisión por cable tuvieron un aumento mensual del 4,5%, casi el doble del promedio general del índice.
Pero el dato más preocupante aparece en la comparación interanual. Mientras la inflación general del NEA fue del 33,5%, el rubro vivienda y tarifas acumuló un incremento del 56,4%.
“Es decir, la inflación promedio corre a un ritmo del 33%, pero vivienda y energía están creciendo al 56%”, explicó Díaz.
La disparidad también se observa en restaurantes y hoteles, con una variación anual del 44%, y en educación, que alcanzó un incremento interanual del 41,6%. Aunque alimentos y bebidas no alcohólicas registraron en abril un aumento mensual del 2,4%, continúan siendo el principal motor del IPC regional debido al peso que todavía tienen dentro de la canasta utilizada para medir inflación.
Actualmente, el índice sigue elaborado sobre la base de la Encuesta de Gastos de Hogares 2004-2005, donde los alimentos representan casi el 40% de la ponderación total. “Cuando uno ve una desaceleración o aceleración del índice general, hay que mirar qué pasa con alimentos, porque son el motor del índice”, señaló Díaz.
Según explicó, si se aplicara la Encuesta de Gastos 2017 -discusión que quedó postergada el año pasado- el peso de los alimentos bajaría al 30%, mientras que servicios y tarifas pasarían a tener mayor incidencia dentro del cálculo inflacionario.

Carne, papa y aceite: la inflación de la góndola
La distancia entre el promedio inflacionario y los productos básicos se hace todavía más evidente cuando se analiza artículo por artículo. La carne picada encabezó las subas interanuales: pasó de 6.528 pesos en abril del año pasado a 10.771 pesos este año, lo que representa un incremento del 66,5%. La papa aumentó un 60,7%, mientras que el aceite de girasol registró una suba del 54%.
“Hay productos que exceden ampliamente la variación interanual del índice. Por eso, a veces también hay que analizar producto por producto”, sostuvo el especialista.
Más allá de los números del IPC, Díaz planteó además una discusión de fondo sobre las razones de la desaceleración inflacionaria. Según explicó, el Gobierno nacional sostiene su estrategia sobre dos pilares: un tipo de cambio relativamente estable y una fuerte restricción monetaria para evitar emisión de pesos.
Sin embargo, el economista consideró que la caída de la inflación también está vinculada a una menor actividad económica y una retracción del consumo.
“La demanda de dinero cayó, pero no solamente por una falta de confianza, sino también por una caída en la actividad económica”, afirmó. En esa línea, mencionó la caída de ventas en supermercados, almacenes y comercio electrónico, además del deterioro de sectores clave como industria, construcción y comercio.
“Cuando hay un parate económico en los principales sectores que forman parte de nuestro producto bruto interno, eso impacta”, advirtió.
Finalmente, sostuvo que el modelo económico actual necesita una “recalibración” y reclamó políticas productivas más activas para acompañar la estabilidad fiscal.
“Lo que se necesita son políticas agresivas de oferta de bienes y servicios, políticas sectoriales que dialoguen con los sectores productivos y evalúen sus matrices de costos”, expresó.
También advirtió que el actual tipo de cambio “muy bajo y estable” dificulta competir con empresas del exterior y termina afectando a sectores productivos que generan empleo y movimiento económico interno.
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