“No hay plata ni respuestas”: crece la tensión en Azara tras el cierre de Linor


La incertidumbre se instaló en Azara y ya atraviesa mucho más que el futuro de una empresa. El cierre del aserradero Linor SRL dejó a 130 trabajadores sin empleo y abrió una crisis social que golpea de lleno a una de las comunidades más pequeñas del sur misionero, donde prácticamente todos conocen a alguien afectado por la paralización de la planta.

Detrás de los números hay familias enteras que quedaron sin ingresos, deudas acumuladas, tratamientos médicos en riesgo y trabajadores que todavía no encuentran explicación a un desenlace que, según denuncian desde el sindicato, se aceleró entre decisiones empresariales cuestionadas, salarios adeudados y el retiro de maquinaria en medio del conflicto.

“Estamos hablando de 130 familias que quedaron envueltas en una profunda incertidumbre laboral”, resumió Agustín Báez, secretario general del Sindicato de Obreros de la Industria Maderera, durante una entrevista con FM 89.3 Santa María de las Misiones.

El dirigente no desligó el conflicto del contexto económico nacional y reconoció que la industria forestal atraviesa un escenario complejo. Sin embargo, insistió en que el caso de Linor no puede explicarse únicamente por la crisis general del sector.

Esto es consecuencia de una mala administración del empleador, Juan Carlos Lorenzo, sumado al contexto económico nacional que afecta mucho a la industria maderera y terminó acelerando esta crisis”, afirmó.

Linor SRL, dedicada a la fabricación de pallets y con una importante cartera de clientes, era una de las industrias más relevantes de la zona. Según el gremio, la planta continuaba trabajando normalmente y no había aplicado medidas típicas de ajuste que otras empresas del sector utilizaron para intentar sostener empleos, como reducción de jornadas o acuerdos temporales.

“Uno recorría la empresa y veía que seguía trabajando normalmente. Tenían clientes y producción. Entonces uno se pregunta qué hicieron con todo eso”, planteó Báez.

Pero el punto de mayor tensión apareció cuando los trabajadores comenzaron a sospechar que la empresa intentaba retirar maquinaria mientras el personal estaba de vacaciones.

Mientras enviaban a los trabajadores de vacaciones, estaban intentando vaciar la empresa sacando maquinarias”, denunció.

Según explicó, esa situación fue detectada por los propios obreros, que decidieron organizar vigilias permanentes para impedir nuevos movimientos dentro del predio. El temor principal es que las máquinas desaparezcan antes de que los trabajadores puedan cobrar salarios adeudados o eventuales indemnizaciones.

“Ellos entienden que las máquinas son fruto de lo que produjeron y que incluso podrían representar parte de futuras indemnizaciones”, explicó.

La tensión creció todavía más durante el fin de semana. Báez aseguró que mientras mantenían reuniones con los trabajadores frente a la Municipalidad de Azara, la empresa seguía retirando equipos. “Eso hay que decirlo para que todos sepan lo que pasó”, sostuvo.

El conflicto terminó escalando al Ministerio de Trabajo de Misiones. Allí, según relató el sindicalista, el propietario de la firma confirmó que no continuará con la actividad. “Anteayer tuvimos una reunión en el Ministerio de Trabajo y ahí comunicó que no va a seguir más. Ya la decisión parecía tomada”, lamentó.

A partir de entonces, el sindicato decidió avanzar con medidas preventivas. Incluso llevaron una escribana para realizar un inventario de maquinarias y herramientas con el objetivo de evitar nuevos retiros y preservar bienes ante un eventual proceso judicial o de quiebra. “Agotamos todas las instancias posibles. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance, pero cuando hay mala administración y mala fe del empleador hay límites”, expresó Báez.

La crisis, sin embargo, ya dejó de discutirse solamente en términos legales o empresariales. En Azara el impacto social empezó a sentirse con crudeza.

“Hoy tenemos 130 trabajadores sin empleo. Y si multiplicás eso por las familias estamos hablando de unas 600 personas afectadas”, remarcó.

Durante la entrevista, Báez describió escenas de fuerte desesperación entre los trabajadores. Habló de compañeros endeudados, familias con hijos enfermos y situaciones límite atravesadas en silencio durante las últimas semanas.

“Hay compañeros desesperados, algunos incluso intentaron suicidarse por las deudas. Hay trabajadores con hijos enfermos, situaciones dramáticas. Cuando uno va y escucha lo que pasa ahí, realmente es doloroso”, relató. Y agregó: “No es el país que queremos ni el país que merecemos”.

Mientras tanto, continúan las protestas y los cortes sobre la ruta. Los trabajadores reclaman el pago de tres quincenas adeudadas, vacaciones impagas y otros compromisos pendientes, entre ellos aportes vinculados a la obra social.

“No hay ningún compromiso concreto de pago. Nadie les dice cuándo van a cobrar lo que se les debe y el trabajador necesita llevar comida a su casa”, sostuvo el dirigente.

La tensión volvió a crecer cuando la empresa intentó retirar bienes vinculados a  otra firma del mismo grupo empresario, situación que generó nuevos cruces con los manifestantes.

Pese al conflicto, Báez defendió las medidas adoptadas por los obreros.

“La decisión que tomaron podrá discutirse judicialmente o no, pero el trabajador necesita cobrar lo que se le debe. Y si no hay respuestas, no le pidan explicaciones a los trabajadores. Hay que reclamarle al responsable de toda esta situación”, enfatizó.

En medio del derrumbe económico, el sindicato y la obra social maderera comenzaron además a funcionar como red de contención social. Según explicó el dirigente, continúan garantizando prestaciones médicas, kits escolares, becas para estudiantes de la Universidad Nacional de Misiones y asistencia para las familias afectadas.

“Muchas veces critican a los sindicatos, pero hoy somos nosotros quienes estamos sosteniendo a esta gente”, afirmó.

La preocupación ya empezó a extenderse más allá de Linor. Báez aseguró que trabajadores de otras empresas del sector comenzaron a expresar temor ante la posibilidad de nuevos cierres.

“Ayer un trabajador me contó que un empresario reunió al personal y dijo: ‘Podemos ser el próximo Linor’. Que no usen esto para meter miedo. Lo de Linor no es solamente producto de la situación económica nacional. Acá hubo mala administración”, concluyó.

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