Darío Díaz: “No hay corrida ni crisis, el dólar empezó a corregir”


 

El dólar volvió al centro de la escena económica tras una nueva jornada alcista que lo ubicó en 1.495 pesos para la venta en el Banco Nación, mientras el blue rondó los 1.530 pesos, su valor más alto desde enero. En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, el posdoctor y doctor en Economía Darío Díaz analizó el movimiento cambiario, su posible impacto en precios y el escenario que se abre para el consumo, el empleo y las expectativas.

“Tenemos una historia en nuestro país: siempre que se empieza a hablar del dólar, es decir, cuando el dólar vuelve a ponerse en agenda, aparece la preocupación por el traslado a precios”, planteó Díaz al inicio de la entrevista. Sin embargo, aclaró que el movimiento actual no debe ser leído como una situación de alarma inmediata.

“Después de casi cinco meses, el dólar estuvo prácticamente dormido y en este mes se despertó. Pero conviene decir que no se trata de ninguna corrida ni de ninguna posible crisis. El dólar venía tan planchado que estaba quedando barato y en junio comenzó a corregir, nada más”, explicó.

Para el economista, el movimiento cambiario también permite observar cómo está parada hoy la economía argentina. En ese sentido, señaló que no solo importa mirar el valor del dólar oficial, el del Banco Nación o el blue, sino también la distancia entre las distintas cotizaciones.

“El dólar blue anda por los 1.530 pesos, que es su valor más alto desde enero de este año. Y los dólares financieros, el MEP y el contado con liquidación, también se movieron en una franja de entre 1.500 y 1.550 pesos. Ahora, la gran noticia detrás de estos números no es tanto el valor, sino la distancia entre ellos”, indicó.

Díaz recordó que durante los años de cepo duro la brecha cambiaria entre el dólar oficial y los paralelos fue una de las principales tensiones de la economía. “Esa brecha, que durante años fue una herida abierta, hoy apenas está entre un 2% y un 3%. Tenemos que tener en cuenta que en Argentina llegamos a tener brechas del 100% y del 150%. Entonces, hoy casi todos los dólares cotizan prácticamente pegados”, comparó.

Aguinaldo, bonos, Brasil y menos dólares del campo

Díaz también explicó que hay varios factores que ayudan a entender por qué el dólar se movió ahora y no antes. El primero está vinculado al calendario salarial. “Estamos en el mes del SAC, del aguinaldo. Entró el medio aguinaldo, hubo más pesos en la calle y una parte de esos pesos siempre busca refugio en el dólar”, señaló.

A eso sumó un elemento financiero: el vencimiento, a fin de mes, de un bono atado al dólar. Según el economista, quienes tenían ese instrumento pasaron parte de sus pesos a dólares, lo que también empujó la demanda.

El tercer factor tiene que ver con el contexto internacional. “El dólar se fortaleció en todo el mundo. El real brasileño cayó, casi todas las monedas de América Latina también cayeron y el peso acompañó esa caída”, explicó.

Además, mencionó un dato de fondo: la finalización de la cosecha gruesa. “Se terminó la cosecha gruesa del campo, entonces entran menos dólares. El Banco Central, en abril y mayo, tenía un ritmo de compra de reservas de unos 140 millones de dólares por día como promedio, y en junio ese promedio ya bajó a la mitad”, detalló.

 

 

El esquema de bandas y el margen del Banco Central

Díaz también ubicó la suba dentro del actual régimen cambiario, al que describió como un esquema de flotación entre bandas. “Es como un pasillo donde hay un piso y un techo. Mientras el dólar se mueva dentro de ese pasillo, flota libre: el Banco Central no toca nada, lo deja subir y lo deja bajar”, explicó.

Según precisó, la autoridad monetaria debería intervenir únicamente si el dólar intentara superar el techo de esa banda. “Uno puede preguntarse dónde está ese techo hoy. Está en torno a los 1.800 pesos, y dijimos que el dólar anda por los 1.500. Entonces todavía le queda un 20% para llegar al techo donde el Banco Central se comprometió a intervenir vendiendo dólares”, remarcó.

Para Díaz, “hay margen de sobra todavía para que el Banco Central pueda quedarse mirando sin gastar reservas”.

También explicó que, desde enero, el piso y el techo de la banda se mueven al ritmo de la inflación. “Ese corredor se va corriendo solo con la inflación de dos meses atrás. Eso también le da cierta previsibilidad al mercado”, añadió.

Riesgo electoral e incertidumbre política

Consultado sobre la posibilidad de que el dólar vuelva a recalentarse en la previa electoral, Díaz advirtió que en Argentina “la incertidumbre política es importante para todas las inversiones, porque necesitan saber que durante un par de años las reglas de juego se van a mantener. Más aún en nuestro país, que tiene un sistema presidencialista”.

Y señaló que el próximo año electoral puede abrir interrogantes sobre la continuidad o no del régimen macroeconómico. “Puede haber una reelección o puede llegar una persona totalmente nueva. Eso siempre genera incertidumbre sobre si va a haber o no un cambio en el régimen macroeconómico”, apuntó.

En ese marco, consideró clave observar cómo se van acomodando las fichas políticas y qué señales dan tanto los partidos como los distintos grupos de poder. “Sabemos que en nuestro país hay grupos de poder donde uno también puede conocer cuáles son sus preferencias o su grado de apoyo”, agregó.

Reservas, inflación y las mejores cartas del Gobierno

En el plano financiero, sostuvo que el Gobierno muestra algunos de sus indicadores más favorables. “Las reservas del Banco Central crecieron en los últimos meses gracias a estas compras que se fueron haciendo y rondan los 47.500 millones de dólares”, indicó.

También mencionó una mejora reciente en la dinámica inflacionaria. Según explicó, la inflación venía con una tendencia creciente desde mediados de 2025, pero en los últimos meses comenzó a desacelerarse. “Ya se está hablando de que junio podría perforar el 2% mensual”, señaló.

Para el economista, estas variables forman parte de las fortalezas que hoy exhibe el Gobierno. Sin embargo, aclaró que el problema estructural de la economía sigue estando en otro plano: la disparidad entre sectores que crecen y sectores que retroceden.

Una economía de dos velocidades

Díaz retomó una idea que ya había planteado en entrevistas anteriores: la existencia de una economía de dos velocidades. Según explicó, los datos recientes del Producto Bruto Interno (PBI) muestran con claridad la existencia de ganadores y perdedores dentro del actual modelo económico. “Casi todos los ganadores están del lado de los bienes exportables y del dinero”, sostuvo.

Al comparar el primer trimestre de este año con el mismo período del año anterior,  señaló que pesca creció 27%, el agro subió 18%, y minas y canteras, donde se incluyen actividades vinculadas a Vaca Muerta y litio, avanzaron 12%. También destacó el crecimiento de bancos e intermediación financiera, con una suba del 7,5%.

Del otro lado, ubicó a sectores con peor desempeño. “Los grandes perdedores son sectores de los que ya venimos hablando: la industria cayó 1,7%, el comercio 0,3% y el sector público tuvo una caída del 1,4%”, enumeró.

Para él, el dato más preocupante no es solo la cantidad de sectores en retroceso, sino el tipo de actividades afectadas. “Cuando uno mira los datos, son más los perdedores que los ganadores. Y acá lo grave es que los perdedores son los sectores que más empleo generan”, advirtió.

Además,  vinculó ese escenario con los últimos datos del mercado laboral. Señaló que, aunque la tasa de desocupación no mostró una caída relevante y se mantiene en niveles similares. “Uno puede darse cuenta de que el gran problema que estamos teniendo no está tanto en la cantidad de empleo que se destruye, sino en la calidad del empleo”, explicó.

En ese sentido, mencionó el crecimiento del cuentapropismo y del empleo informal. También remarcó la evolución de dos indicadores que, según consideró, muchas veces son subestimados. El primero es la tasa de subocupación, que mide a las personas que trabajan menos de 35 horas semanales pero quieren trabajar más. “Hay personas que no consiguen un segundo trabajo”, explicó.

El segundo indicador es la tasa de ocupados demandantes de empleo. “Son personas que tienen trabajo, pero están disconformes con su empleo actual y quieren cambiarlo. Esa tasa, que suele ser menospreciada, también creció”, sostuvo.

Para Díaz, estos datos muestran que el mercado laboral enfrenta un problema más profundo que la simple medición de ocupación o desocupación. “Estamos diciendo que hay un problema de calidad del empleo”, resumió.

Otro dato que consideró relevante dentro del análisis del PBI fue la caída de la inversión. Según explicó, al observar los componentes de la actividad económica, como consumo, gasto público, exportaciones e inversión, aparece una señal preocupante. “La inversión se desplomó”, afirmó y precisó que las inversiones y la formación bruta de capital fijo, que incluye equipos durables, bienes de capital y otros componentes vinculados a la capacidad productiva, cayeron 11,6% en un año.

“Una economía que no invierte, por supuesto, hipoteca su crecimiento futuro”, advirtió y vinculó la necesidad de inversión con herramientas como el RIGI y con la importancia de sostener el superávit fiscal como señal de estabilidad macroeconómica.

Sobre el punto que más inquieta a los consumidores, Díaz fue consultado acerca de si puede haber una suba del dólar sin un aumento significativo de la inflación. “Esto depende de cuánto emita en pesos el Banco Central y también, por supuesto, de si sigue el ancla fiscal”, respondió.

El economista consideró que, al menos hasta el año próximo, el pago de los vencimientos de deuda estaría garantizado por las compras de dólares realizadas en los últimos meses. También remarcó que el superávit y el ancla fiscal son el eje de la política económica del Gobierno.

“Yo siempre digo: si se rompe el ancla fiscal, ahí ya tenemos que hablar en otras palabras duras. Creo que eso es su caballito de batalla”, sostuvo.

Díaz señaló que, mientras el Banco Central mantenga el endurecimiento de la política monetaria y no se emita, el actual movimiento del dólar dentro del esquema de bandas no debería derivar en un traslado fuerte a precios.

“Este pasillo que les estaba contando, en el que todavía estamos un 20% por debajo del techo, no debería ir a un traslado de precios”, explicó. Sin embargo, aclaró que el escenario electoral del próximo año abre otra discusión. “El año que viene es otro tema, porque ya aparece la incertidumbre política”, dijo.

Según planteó, el Banco Central puede comprometerse a no emitir, pero eso no alcanza si cambia la conducta de la gente. “Puede decir: ‘Mirá, yo me comprometo a no crear un peso de más’. Pero si la gente baja su demanda de pesos y recurre al dólar, ahí va a haber aumento de precios. Eso es bastante parecido a lo que pasó el año pasado”, concluyó.

 

“Pantallazo”

 

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