La inteligencia artificial ya no se limita a responder preguntas académicas, traducir textos o sugerir recetas de cocina. En los últimos meses se volvió cada vez más frecuente que miles de personas recurran a plataformas como ChatGPT para hablar de sus emociones, pedir orientación ante problemas personales o buscar contención frente a situaciones de ansiedad, depresión y crisis familiares.
El fenómeno preocupa a los especialistas en salud mental. Durante una extensa entrevista en FM 89.3 Santa María de las Misiones, el Licenciado Alejandro Benegas, Máster en Psicología de la Salud, analizó el impacto de esta tendencia y fue contundente: “Nada reemplaza al profesional de la salud mental”.
“Es realmente preocupante que muchas personas estén utilizando la inteligencia artificial como sustituto de la consulta psicológica. Una cosa es realizar preguntas generales y otra muy distinta es abordar problemas emocionales profundos o tratamientos de salud mental”, afirmó.
Benegas recordó un caso ocurrido en Estados Unidos que generó repercusión internacional y que, según explicó, expuso los peligros de depositar en una IA decisiones relacionadas con la salud mental.
“Hubo un caso en California de un adolescente de 16 años que mantenía consultas constantes con una inteligencia artificial y terminó suicidándose. Los padres iniciaron acciones legales y el caso tuvo enorme resonancia porque la comunicación con la IA fue señalada como un elemento que influyó en ese desenlace fatal.”
El especialista aclaró que se trata de un ejemplo extremo, pero sostuvo que sirve para entender que estas herramientas aún tienen limitaciones importantes cuando se enfrentan a situaciones clínicas complejas.
Por qué cada vez más personas consultan a la IA
Según Benegas, existen dos factores centrales detrás del crecimiento de este fenómeno: el acceso inmediato y la cuestión económica.
“Todos tienen un celular en la mano. La inteligencia artificial está disponible las 24 horas y responde en segundos. Muchas personas sienten que pueden obtener una orientación sin tener que pedir un turno o afrontar un costo.”
El problema, explicó, es que la IA está diseñada para mantener la conversación y generar una sensación de cercanía.
“Hoy los sistemas procuran mostrar cierta empatía con el consultante. La persona siente que alguien la escucha y la comprende, pero en realidad está interactuando con un chatbot basado en algoritmos.”
El psicólogo destacó que el contexto actual favorece esta búsqueda de respuestas rápidas.
“Cerca del 45% de las consultas en el mundo están relacionadas con la salud mental. Hay un aumento muy marcado de la ansiedad, la depresión y el estrés, especialmente después de la pandemia.”
Ese crecimiento de la demanda, sumado a las dificultades económicas y a la necesidad de atención inmediata, lleva a muchas personas a probar herramientas digitales antes de acudir a un profesional.
“La IA busca aprobación, el terapeuta busca ayudar”
Uno de los conceptos más fuertes de la entrevista fue la diferencia entre la lógica de funcionamiento de un chatbot y el trabajo clínico de un psicólogo.
“La inteligencia artificial procura generar un vínculo de aprobación con quien consulta. En cambio, un profesional muchas veces tiene que decir un rotundo no, poner límites y actuar con criterios éticos.”
Para Benegas, esa necesidad de validación permanente puede convertirse en un problema cuando una persona atraviesa una crisis emocional severa.
El vínculo terapéutico: lo que una máquina no puede ofrecer
El especialista remarcó que la terapia no consiste únicamente en escuchar palabras.
Un psicólogo, explicó, observa:
- el tono de voz,
- las pausas,
- los microgestos,
- la postura corporal,
- el contexto familiar y social,
- la historia de vida del paciente.
“El profesional puede interpretar aspectos que no aparecen en un texto escrito. La inteligencia artificial no puede captar el lenguaje no verbal ni comprender en profundidad la realidad de la persona.”
Ese proceso de conocimiento mutuo es lo que en psicología se denomina vínculo terapéutico, considerado una pieza fundamental para el éxito de cualquier tratamiento.
Más suicidios y una sociedad emocionalmente agotada
La entrevista también abordó el preocupante aumento de los problemas de salud mental en Argentina.
“Después del COVID-19 crecieron de manera alarmante los cuadros de depresión, ansiedad y estrés. Los suicidios también aumentaron notablemente.”
Frente a este escenario, el especialista sostuvo que la responsabilidad no recae únicamente en los profesionales.
“Todos debemos convertirnos en personas más empáticas. Muchas veces detrás de una sonrisa hay un mundo de tristeza, desesperanza y problemas que la persona siente que no puede resolver.”
Y agregó una reflexión que marcó uno de los momentos más impactantes de la entrevista:
“La persona no quiere terminar con su vida; quiere terminar con el sufrimiento. Cuando se siente desbordada y sin salida, cree equivocadamente que esa es la única solución.”
Las cuatro inteligencias que necesita desarrollar la sociedad
Durante la entrevista sobre el impacto de la inteligencia artificial en la salud mental, el Lic. Alejandro Benegas, Máster en Psicología de la Salud, no solo planteó los límites de esta tecnología como reemplazo de un profesional, sino que propuso una reflexión más amplia sobre las distintas capacidades que las personas necesitan desarrollar para enfrentar los desafíos del mundo actual.
El especialista habló de cuatro tipos de inteligencia que conviven en la actualidad: la inteligencia digital, la inteligencia artificial, la inteligencia emocional y la inteligencia espiritual. Según explicó, comprender la diferencia entre ellas resulta clave para utilizar la tecnología de manera saludable y fortalecer los vínculos humanos.
1-Inteligencia digital: aprender a relacionarnos con la tecnología
Benegas explicó que uno de los primeros desafíos de la sociedad actual es desarrollar una adecuada inteligencia digital, es decir, la capacidad de comprender, utilizar y gestionar correctamente la relación con los dispositivos tecnológicos.
“Está la inteligencia digital, que es la capacidad de reconocer y gestionar mi relación con los dispositivos, conocer los programas, las herramientas electrónicas y saber utilizarlas adecuadamente”, señaló.
Para el especialista, no alcanza con saber manejar un celular, una computadora o una aplicación. La inteligencia digital implica también preguntarse cómo, cuándo y para qué usamos la tecnología.
En un contexto donde las pantallas ocupan gran parte del tiempo cotidiano, esta habilidad permite establecer límites saludables y evitar que los dispositivos terminen afectando los vínculos personales, el descanso o la salud emocional.
“Tenemos que aprender a convivir con la tecnología, no permitir que la tecnología gobierne nuestra vida”, fue la idea central de su planteo.
2-Inteligencia artificial: una herramienta poderosa, pero no un sustituto humano
En segundo lugar, Benegas hizo referencia a la inteligencia artificial, diferenciándola de las capacidades humanas.
“La inteligencia artificial simula los procesos de las redes neuronales, dando respuestas a las consultas que realizamos. Es una herramienta, es una aliada”, explicó.
El especialista destacó que la IA puede aportar grandes beneficios en múltiples áreas: educación, investigación, organización del trabajo y acceso a información.
Sin embargo, remarcó que su funcionamiento está basado en algoritmos y procesamiento de datos, no en una verdadera comprensión emocional de la persona.
“La inteligencia artificial puede responder, puede orientar en determinadas cuestiones generales, pero no tiene emociones, no tiene experiencia humana, no tiene una historia personal ni puede establecer un vínculo terapéutico”, afirmó.
Según Benegas, uno de los riesgos actuales es que muchas personas confundan una respuesta generada por una máquina con un acompañamiento humano.
“El problema aparece cuando intentamos colocar a la inteligencia artificial en un lugar que no le corresponde”, advirtió.
3-Inteligencia emocional: reconocer y gestionar lo que sentimos
El tercer concepto desarrollado por el especialista fue la inteligencia emocional, un término ampliamente difundido a partir del trabajo del psicólogo estadounidense Daniel Goleman.
“Está la inteligencia emocional, desarrollada mayormente por Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional, que es la capacidad de reconocer emociones en otros y detectar emociones en mí y gestionarlas“, explicó.
Para Benegas, esta inteligencia es fundamental en una época donde muchas personas tienen una gran conexión digital, pero enfrentan dificultades para expresar lo que sienten o construir vínculos profundos.
La inteligencia emocional permite:
- reconocer tristeza, enojo, miedo o frustración;
- comprender las emociones de otras personas;
- manejar impulsos;
- desarrollar empatía;
- tomar mejores decisiones;
- construir relaciones más saludables.
“Muchas veces una persona sonríe, sigue trabajando, sigue con sus actividades, pero detrás puede existir un mundo de dolor, angustia o desesperanza. Por eso necesitamos desarrollar una mayor sensibilidad hacia el otro”, señaló durante la entrevista.
En ese sentido, vinculó la inteligencia emocional con la capacidad social de acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles.
“No solamente los profesionales debemos estar atentos. Todos debemos aprender a mirar al otro, escuchar y acompañar”, afirmó.
4- Inteligencia espiritual: encontrar sentido y fortalecer la esperanza
Finalmente, Benegas incorporó una dimensión menos abordada habitualmente en los debates sobre salud mental: la inteligencia espiritual.
“Por último está la inteligencia espiritual. Yo primero soy Licenciado en Teología y luego hice Psicología, y esto es importante porque la espiritualidad hoy ayuda mucho en la gestión de las emociones”, explicó.
El especialista aclaró que esta dimensión no se limita únicamente a una práctica religiosa, sino que está relacionada con la búsqueda de sentido, propósito y conexión con algo trascendente.
Según señaló, en momentos de crisis muchas personas necesitan respuestas que van más allá de la resolución inmediata de un problema.
“La espiritualidad ayuda notablemente a poder estar mejor. La oración, la lectura de textos espirituales, acercarse a una comunidad o a un espacio de apoyo pueden ser herramientas importantes para muchas personas”, expresó.
También destacó que uno de los valores centrales de esta dimensión es el amor entendido como compromiso con el otro.
“Una de las premisas más importantes de lo espiritual es el amor. Y el amor es centrarnos en el otro también y servir”, sostuvo.
En ese marco recordó una frase atribuida a Madre Teresa de Calcuta: “Hay que dar hasta que duela y cuando duele hay que seguir dando”.
Para Benegas, esa mirada invita a salir del aislamiento y recuperar la solidaridad en una sociedad atravesada por la soledad y la hiperconexión.
Una combinación necesaria para el mundo actual
El especialista planteó que ninguna de estas inteligencias debe pensarse de manera aislada.
La inteligencia digital permite relacionarnos mejor con la tecnología.
La inteligencia artificial ofrece herramientas que pueden facilitar múltiples tareas.
La inteligencia emocional permite comprendernos y comprender a los demás.
La inteligencia espiritual aporta sentido, esperanza y una mirada trascendente.
El desafío, según Benegas, es lograr un equilibrio donde la tecnología esté al servicio de las personas y no reemplace aquello que hace único al ser humano: la empatía, la conexión emocional, la capacidad de amar y el acompañamiento.
“Tenemos que recuperar las comunicaciones reales, mirar al otro y ayudarnos mutuamente. La tecnología puede acompañarnos, pero el vínculo humano sigue siendo irremplazable”, concluyó.
“Pantallazo”
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